Mercedes Alaya, marca registrada

MERCEDES-ALAYA

Los jueces son marcas. Eso en España lo descubrimos con Garzón: en los tiempos en que nuestro juez más internacional comenzaba a hacer sus pinitos con el caso Nécora, en el sector de la abogacía madrileña se le consideraba mal. La percepción fue acusándose a través de los sucesivos casos dirigidos por el magistrado. Le afeaban su ansia de notoriedad, cierto gusto por los flashes y un instinto ingobernable de salvapatrias. Pero el hecho es que Garzón ha acabado volando muy alto, tan alto que ya ninguna miseria le toca. La retirada de la magistratura no llega a hacerle mella: más bien es un galón que agranda su leyenda. Garzón es el Elvis de los jueces.

Desde Garzón no había surgido ninguna figura que estuviera a la altura. Icónicamente, se entiende. El juez Ruz tiene un perfil demasiado chato. El juez Grande-Marlaska apuntaba maneras, ayudado por su imagen de homosexual cool, pero con la selección de los casos no ha estado tan atinado: salvo el del Yak-42, en su currículum no abunda la controversia.

La jueza Alaya pertenece a otra generación, pero ha irrumpido con fuerza en el Parnaso de los Jueces Artistas erigiéndose en una marca potentísima. Si Garzón es el Elvis de los jueces, Alaya lo tiene todo para ser la Marilyn Monroe de las juezas. Aunque no es precisamente su estilo: a ella le va más el rollo bisoño y recatado de Audrey Hepburn. En la ejecución icónica, el resultado, sin embargo, se aproxima mucho más, a veces de forma sorprendente, a Isabel Preysler. Tiene su misma falta de calidez, su envaramiento digno y esa feminidad fría que se confunde tanto con la elegancia.

Todo icono que se precie tiene su atributo. En el caso de Marilyn, como en el caso de Garzón, el atributo es la cabellera. Plateada en el caso del segundo, y exuberantemente rubia en el caso de la primera. En Elvis era el tupé, aunque visto en el tiempo es posible que las gafas de su etapa manierista hayan acabado fagocitando ese atributo. En el caso de la jueza Alaya, el atributo es la trolley. Una trolley que siempre está ahí, imponiéndose icónicamente al fondo de armario de la jueza, que raramente repite vestido. A pesar de la variedad de los vestidos, la trolley siempre destaca, como el cetro de mando de un rey, como los pies alados de Hermes o el rayo de Zeus. Es el elemento distintivo. Un elemento, además, lleno de simbología. Una trolley sirve al mismo tiempo como contenedor de moda y como depósito de documentos. En alguna información he leído que en la trolley la jueza suele transportar documentos que analiza en su tiempo libre. Se lleva el trabajo a casa, la jueza. Así que la trolley es también el símbolo del trabajo, de un trabajo ininterrumpido, constante, sin tiempo libre, y por lo tanto esclavo. Sin embargo, su aspecto saludable, su cutis blanco, desmienten este extremo. El trabajo ennoblece, es bueno para la salud, parece estar diciendo con su estampa. Luego esa trolley también es ideología.

En una maleta cabe todo. Pero sobre todo cabe el enigma. Es una caja. Como aquella caja que Barton Fink, en la película de los hermanos Coen, arrastraba, evitándola, sin querer conocer lo que había dentro, sospechando un contenido atroz. La jueza sabe cómo jugar con el enigma, que es también la sugerencia, y sabe cómo administrarla. En eso ha dado muestras de ser una verdadera maestra.

Confieso que siento fascinación por el atributo de la jueza Alaya. Siempre que la veo en televisión, o en las fotos de los periódicos, no puedo evitar detener mis pupilas en la maleta. Incluso llego a imaginar muchas veces que la jueza trastabilla y en una maniobra imposible la trolley acaba destripada sobre los adoquines. Mi imaginación en esos casos se vuelve caprichosa. Resulta que al abrirse, la maleta está vacía. Es un poco conceptual, lo reconozco: tras el adorno, como en un altar barroco, sólo existe lo hueco, el vacío.

5 comments

  1. Carmen

    Pero ella que es un gran adorno en sí no está hueca ni vacía, es una inteligente y brillante trabajadora y sobre todo eficaz y eficiente, y para eso hay que estar encerrada lo que para mí es la explicación de ese cutis blanco, además tiene cuatro hijos..y es muy valiente, por ella nos estamos enterando públicamente de cuanto se ha robado en Andalucía durante 10 años, al menos nadie podrá decir que no se enteró de ello.
    Car

  2. ruben

    la sra.alaya es unica.la mas grande.graciasa esta jueza y su trabajo .nos hemos enterado de como funcionan los chorizos de los politicos.ladrones sin el menor escrupulo.gracias sra.le deseo
    mucha suerte.

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