Tan lejos de Krypton

Portada2Editorial Onuba. 2012

Tan lejos de Krypton es, sin duda, la novela que mayores quebraderos de cabeza me ha dado. Es la novela que me costó más tiempo y esfuerzo escribir. Desde que empecé con esto de la literatura quise escribir una novela sobre superhéroes. Al final, la novela se convirtió en una especie de canto a la memoria de los años 80 desde la mirada infantil de un niño, al que encuentro mucho parecido con el niño que yo  fui. Es mi novela más autobiográfica, y creo que la más compleja de todas. Durante el proceso de escritura pasé por distintas fases, algunas nada agradables, incluyendo la reescritura de buena parte del desenlace. En total, consumí en su escritura dos años y medio.

Al mirarse al espejo, Lucas Cobos, el protagonista de esta novela, no se reconoce. No queda rastro en él de aquel niño que un día fue. Pero una llamada lo obligará a regresar a los recuerdos: deberá hallar respuestas a un episodio que la infancia desdibujó dándole apariencia de irrealidad. Los años 80 de Lucas fueron como los de muchos que, como él, crecieron a la sombra de Verano Azul, Barrio Sésamo o Star Wars. Años donde detrás de cada día se escondía un descubrimiento y detrás de cada esquina una fabulosa aventura.

Tan lejos de Krypton es una historia de superhéroes. Pero sobre todo es la elegía de un tiempo mágico que se fue y tras el que nos transformamos en cosas que nunca quisimos ser. Por sus páginas deambulan iconos como Uri Geller, Bruce Lee, Madonna, Rafaela Carrá; el Un, Dos, Tres, La Bola de Cristal, Vacaciones en el Mar, Dallas; la Guerra de las Galaxias de Reagan y la Guerra de las Galaxias de Darth Vader; los clics de famóbil, los trompos, las canicas, los peta-zetas… Símbolos de un universo que habitamos todos los que tuvimos la suerte o la desgracia de crecer durante los 80. Aquella época en la que aún podíamos ser superhéroes.