Perrera

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Dum Spiro Ediciones. 2009

A Perrera la quiero mucho. Con ella volví a reencontrarme con las sensaciones de publicar algo tuyo y verlo crecer y desenvolverse en soledad, peleándose con los lectores, después de diez años de silencio creativo. Fue un empeño personal de un par de locos, Isabel y Jose, que, contra el viento y la marea gaditana, se embarcaron en una edición rara de un libro que ya es por sí mismo algo bastante extraño.

El libro hoy es casi imposible de encontrar en su primera edición (aunque aún sigo llevándome sorpresas, al reconocerlo en los anaqueles de algunas librerías; siempre siento la tentación de comprarlo), pero desde el pasado año se puede leer en ebook a través de la editorial LcLibros (ver sección “Comprar mis libros”).

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1La definiría como una historia salvaje, animal, visceral. Muy en la onda de Chatarra, aunque con una evolución evidente con respecto a su hermana pequeña. Se ponen en liza una serie de personajes en un ambiente urbano dominado por la droga, el alcohol, la desidia y la violencia. Tres personajes, Lucio, Cucho y Panceta, constituyen el residuo de una pandilla que vivió mejores tiempos gracias al liderazgo de un cuarto miembro, Marcelo, primo del primero, y que murió en un accidente de tráfico. Los tres personajes deambulan por barrios que, aunque imaginarios nominalmente, sí son, como explica Fernando Royuela en su prólogo, “reconocibles en las esquinas de nuestras ciudades”, recorriendo de forma abrupta el duro camino hacia la madurez en medio de un ambiente dominado por la dureza y las reacciones físicas en las que el cariño se confunde con el sexo y la seducción con la depredación. La muerte violenta del perro de Marcelo precipitará los acontecimientos de una trama que Fernando Royuela define como “una verdadera tragedia griega en la que el Fatum es el personaje principal, el que mueve los hilos en la sombra y gobierna el discurso narrativo de principio a fin”.

2“Nos deslizamos entre sus páginas –dice Fernando Royuela de Perrera- como si por una pendiente se tratara. Descendemos cada vez más deprisa, con avidez. Es inevitable precipitarnos contra el final. Narración y visión del mundo van parejas en admirable conjunción, pero sin el estilo no son nada. La voz propia de Daniel Ruiz se alza poderosa desde el principio. Es reconocible, está presente, se hace escuchar. Perrera está provista de un lenguaje empeñado en la expresividad. No podía ser de otra manera para lograr el fin buscado, la voluntad del autor de evidenciar ese universo de frontera que ha decidido retratar. Perrera es una novela muy potente, pero también una metáfora social con la que el autor advierte sin denunciar y acusa sin nombrar. Pura literatura en cualquier caso, de esa que se pone en vena y da que pensar”.