La que nos queda

martin-luther-kingSiempre he considerado que uno de los principales problemas de Izquierda Unida como partido era su imagen. Sí, lo sé, la política, en puridad, no debe rendir cuentas con la imagen sino con la seriedad, la capacidad de gestión, la eficacia y blablablá. Pero a lo largo de la Historia muy pocos regímenes han demostrado controlar de imagen tanto como los comunistas, conscientes de que la comunicación –la propaganda- representaba una baza fundamental para el mantenimiento del poder.

Aquí, en España, la imagen de Izquierda Unida siempre me ha resultado apolillada, con un punto muy cutre, como de otro tiempo. Lo veías en sus puestas en escena, con fondos de mesa poco cuidados, con una línea de diseño antediluviana. Es como si su imagen se hubiera paralizado en los años 80, como le ocurre a algunas ciudades decadentes como Lisboa, como si fueran refractarios a la evolución. Camisas cortas y abiertas, poco gusto por la maquinilla, humo de tabaco negro, escaso manejo de los fundamentos básicos del discurso audiovisual. Un partido instalado eternamente en la estética de la transición, con consignas y gestos desfasados: un abuelo incapaz de empatizar con sus nietos, que protesta porque los críos le desastran la casa cada vez que la visitan (si bien en los últimos tiempos percibo cambios).

La contraposición a este modelo ha estado representada por EE.UU., cuna, como de muchas otras cosas, del marketing político, donde la estética forma parte de la propia ideología. Con más o menos acierto, ha habido políticos españoles que han intentado asimilar este modelo, entre los que destacaría muy especialmente a José María Aznar y a ZP.

La crisis, en su acepción de ruptura, está instalada también en la política. Lo que implica, en la tradición de la tesis hauseriana, un viraje hacia el manierismo: la deformación estética, la tendencia a lo aberrante en la imitación imposible o mal asimilada de modelos. En el caso de la política española, yo diría la tendencia a la caspa.

albertriveraLa estética de la política española, me temo, tiende a la caspa. No se puede ser más casposo que Albert Rivera, el líder de C’s, que en su discurso de postulación a la presidencia del Gobierno apelaba a Martin Luther King y su celebre I have a dream. Entre el Yes we can de Obama y el I have a dream de Rivera transmutado en Luther King discurre el rubicón por el que lo brillante acaba convirtiéndose en casposo. Da mucha vergüenza que un líder político que aspira a representar el cambio en España apele a un claim tan manido como el de Luther King. Uno lo escucha y enseguida recrea mentalmente decenas de powerpoints motivadores con música new age y recargados de frases inspiradoras. Que huelen a alcanfor, a producto prefabricado. Tanto como las propias puestas en escena de los naranjas, su estética de despacho liberal de abogados neoyorquino, las poses de Rivera a lo Tom Cruise buscándose la vida en la Gran Manzana.
PedrosanchezLa misma caspa que uno ve en Rivera se identifica en los hombros de pdro snchz cada vez que uno lo escucha hablar. Resulta tan obvia su inspiración, resultan tan descarados sus referentes, que es un dechado de ordinariez. La comparecencia del otro día, para presentar su candidatura, junto a su sonriente-confidente mujer, con el fondo de pantalla de la bandera española, resultaba de una zafiedad abrumadora. Lo que en ZP eran más bien tientos (la ceja, las siglas, el casual style), se convierte en pdro snchz en un manierismo madelman absolutamente ortopédico.

Y por estas indigestiones, uno vuelve a revisar la estética de Izquierda Unida, esa estética tan de pueblo, tan de chándal, domingo en el campo y nevera de playa, y llega a la conclusión de que, por lo que respecta a la catetez, no existe realmente tanta diferencia entre unos y otros. Por mis años de experiencia en el asesoramiento a empresarios del ladrillo, puedo asegurar que no hay nadie tan cateto como el cateto que quiere resultar sofisticado, igual que no hay nada que refleje tanta pobreza como los hábitos y maneras del nuevo rico.

La política española se ha vuelto manierista. Como nuestra televisión, como el arte, como cualquier forma de expresión apegada a esta realidad nuestra tan apuñalada por la crisis, la imagen que proyecta nuestra política resulta chirriante, pobre, mediocre, vulgar. Qué pereza da pensar en todo lo que nos queda por sufrir hasta noviembre.

One comment

  1. Francisco Balbuena

    De acuerdo contigo, la sociedad española se ha vuelto manierista, creo que gracias a nuestra pereza y frivolidad. Aún así tengo ganas de leer ‘La gran ola’. Un saludo desde la Serranía de Ronda.

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