Jugar con fuego

hogueraLos conté: eran más de cuarenta. En esos cuadernos manuscritos se resumía toda mi vida laboral en la empresa. Cuadernos plagados de anotaciones, tachaduras, dibujos casuales al hilo de entrevistas o de reuniones. Todo lo que me ha ocupado y preocupado en estos quince años como consultor de comunicación en activo, en los que he tenido tiempo de hacer casi de todo.

Los papeles ya casi no me dejaban ver el ordenador. No eran sólo los cuadernos: decenas de carpetas, con material que un día fue importante pero que hoy no vale nada. Toda mi mesa y sus alrededores eran como un enorme invernadero de papeles. Acumulando polvo. Guardando memoria de un vacío que no existe en muchos casos ni siquiera en el recuerdo.

Había muchos periódicos antiguos. El tiempo es severo con el papel de periódico: lo amarillea, rebaja la textura de las páginas convirtiéndolas en papel de arroz. Es un papel sucio, feo, viejo en el mal sentido. Tenía agendas anuales que acumulaban polvo, cientos de tarjetas de visita de empresas que ya no existen, propuestas de proyectos, papeles sueltos con anotaciones que, sin el debido contexto, cobraban forma de cuerpos amputados, conversaciones interrumpidas, ruido.

Todo ha ido a la basura. He dejado la mesa limpia, sin rastro de memoria, sin historia. Sólo lo imprescindible, sólo lo que necesito para desenvolverme en el día a día.

Desde que lo estudié en el colegio, siempre me impresionó aquella imagen que la Historia ha dibujado del mito de Machado en sus últimos días, portando tan sólo una maleta, para ir a morir en silencio, pobre, olvidado, a Colliure. Ahora creo que no hay mejor forma de morir, de marcharse, que ligero de equipaje, sin más rémora que el recuerdo.

Se acercan los días en que conmemoraremos el primer año de la ausencia de Mari. La canícula trae hasta la orilla del recuerdo, más presentes que nunca, los gestos, las expresiones, las miradas que un día fueron de ella pero que hoy pertenecen a todos los que la conocimos y disfrutamos. El tiempo ha volado rápido aquí abajo, y en estos días acabamos de cerrar los trámites que todavía la mantenían sujeta a las servidumbres de lo terreno: saldamos las cuentas con los flecos de la antipática burocracia y nos toca empezar a disfrutarla como debió ser desde el principio, en el puro recuerdo, en el suyo y en el rastro vivo de su hijo, en el que de vez en cuando, como un estanque de agua que de repente se vuelve diáfano por efecto del sol, conseguimos distinguirla y reconocerla.

Coincidiendo con la cercanía de la efeméride, y también con la inminencia de las fiestas de San Juan, en las que simbólicamente arrojamos al fuego implacable todos nuestros lastres, la celebro censurando la estupidez de la acumulación y del depósito que ocupa espacio y nos hace más pesados. Abogo por suprimir, drásticamente, lo inservible. Me reconozco mucho más cigarra que hormiga, y defiendo la liviandad: no existe mejor ni más potente prueba documental que la que dicta el recuerdo.

Declaración de intenciones: sobre los recuerdos, construir el futuro a modo de juego.

One comment

  1. marobles

    Que grande eres y cuánto te quiero, mamón. Los papeles del trabajo, como los apuntes que estudiamos, con el tiempo no sirven una mierda. Pero en cierta forma nos moldean. Somos lo que allí escribimos.

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