Paradigma 2.0

BLOGEn todas las disciplinas del saber está el paradigma. Los paradigmas van cambiando con el tiempo, se modifican, evolucionan e incluso son rectificados por la propia realidad. Por poner en solfa un paradigma, la Iglesia estuvo a punto de pasar a Galileo por la parrilla. Menuda imbecilidad afirmar que la Tierra giraba alrededor del sol. Hablando de la Tierra, ésta fue plana durante bastante tiempo, según el paradigma de la época. Lo bueno de los paradigmas científicos es que, más o menos, la evidencia acaba por imponer su criterio. Aunque esto no es siempre así: que se lo digan a los teóricos del creacionismo, que insólitamente siguen manteniendo que antes del Big-Bang ya andaba por aquí papá Dios.

Con esto del paradigma, las ciencias sociales tienen un problemón. Porque cuesta mucho más llegar a la evidencia empírica. Y así, disciplinas como la Sociología, las Ciencias Políticas, la Pedagogía o la Psicología se pierden en un mar de teorías que fluctúan a lo largo de la Historia imponiendo sus distintos modelos y sus criterios como dogma de obligada observación. Hoy sabemos que provenimos del mono, y que antes estuvimos relacionados con los anfibios. No me sorprendería descubrir cualquier día que, en realidad, nuestro origen está asociado a los caracoles. Empezaría a comprender, en tal caso, por qué siento una pasión tan irrefrenable por su consumo.

El ámbito del Social Media y la comunicación 2.0 no es ajeno a los caprichos del paradigma. Hablamos de un sector que todavía está tierno, en formación, y que ni siquiera cuenta con el suficiente recorrido diacrónico para evaluar en toda su extensión la validez de los modelos. Pero el rango académico exige la instauración de teorías, el dictado de normas que permitan fijar el discurso en torno a conceptos difundibles, para construir sobre ellos propuestas formativas.

La formación en Social Media está tan verde como la propia disciplina. Es un suflé que todavía se cocina en el horno, y aún no cuenta con referentes intelectuales suficientemente sólidos que contribuyan a fijar el discurso (vale, de acuerdo, existen influencers, gurús de la cosa 2.0, gente muy reputada por su actividad Social Media, pero lo siento: más allá de discursos bienintencionados, cuya positividad atufa a literatura de autoayuda, la armazón teórica todavía resulta excesivamente parca, básica y rudimentaria). En consecuencia, es habitual encontrar discursos contradictorios, solapamiento de enfoques, usos imprecisos de nomenclatura.

A pesar de todo, sí parece haberse consolidado cierto paradigma en cuanto a la comunicación en el contexto Social Media. Este paradigma apunta a un concepto que en determinados círculos ya se considera un cliché, “El contenido es el Rey”, y a un enfoque de la estrategia que tiene en la weblog su motor y elemento central. Así, en la mayor parte de la literatura Social Media vigente se prescribe el blog como el elemento capital de toda la estrategia de comunicación. Todo gira en torno al blog: como en la teoría que defendía la Iglesia y que a Galileo estuvo a punto de costarle la vida, el blog representa el mundo terrestre, y todo, incluido el sol, orbita alrededor de él.

Hace más de un lustro que ejerzo como blogger. En este tiempo, he visto morir varias veces al blog como medio de comunicación y al post como género. Cuando eclosionó Facebook, muchas empresas abandonaron sus espacios virtuales, embelesadas por el cacharrito de Zuckerberg. Incluso hubo empresas que renunciaron a sus páginas y concentraron su estrategia online en este medio social. Mi postura personal, en todo caso, se ha mantenido más o menos ajena a estos movimientos. Con una intensidad fluctuante, y más bien a impulsos caprichosos, lo cierto es que nunca he llegado a cerrar el bar.

El nuevo paradigma 2.0 ha resucitado al blog: ha sido tal el chute de electroshocks que ahora es un jovencito vigoroso e hiperanabolizado que ejerce como flamante epicentro de toda la estrategia Social Media.

Después de haber vivido la eclosión de redes sociales que se postulaban como el maná de la comunicación del futuro como Facebook o Twitter, y mientras surgen a diario nuevas redes sociales para atender nuevas necesidades o para cubrir nuevas necesidades creadas, el blog vuelve al sitio que tuvo hace unos años, cuando eclosionó hasta tal punto que hasta el más idiota tenía y mantenía un blog. En el proceso se ha producido una necesaria depuración, pero no debemos olvidar que aún seguimos instalados en la burbuja 2.0. Mientras esta burbuja no pinche, no sabremos si el paradigma que contiene dentro resistirá o por el contrario se deshará arrastrando tras de sí toneladas de literatura inservible.

Como en todo, el tiempo nos dirá.

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