¿Hacia dónde va la comunicación?

trabajadores en alturaEcho la vista atrás y siento un poco de vértigo al comprobar la de cosas que he hecho como profesional de la comunicación. Y en realidad no son tantos años: casi una quincena. Pero los cambios en el modelo de negocio de la comunicación han sido tantos y tan vertiginosos, que parece que hubieran transcurrido tres décadas.

Aún recuerdo cómo mandábamos las notas de prensa a los medios cuando todavía no existía Internet: a través de servicio de mensajería, en papel, acompañadas de foto. Recuerdo que convocábamos las ruedas de prensa muy temprano, para que el fotero tuviera tiempo de revelar la foto y tenerla entregada en la empresa antes de las dos de la tarde. Entre las dos y las cuatro y media, el mensajero rulaba por las sedes de diez medios entregando las notas. También las mandábamos por fax. Y esperábamos pacientemente el confirming para comprobar que todos los envíos hubieran llegado a su destino.Lo mismo ocurría con el clipping. Con todos los periódicos por delante (los lunes, por la cantidad de prensa generada en el fin de semana, eran dramáticos), nos sentábamos a primera hora de la mañana en una sala en la que confeccionábamos manualmente el clipping a base de revisar y recortar para nuestros clientes las noticias que fueran de su interés o en las que se refirieran directamente a ellos. Después fotocopiábamos, hacíamos los dossieres y enviábamos por fax. Había días en que los clientes recibían su informe de impactos muy cerca del almuerzo.

Internet fue entrando en nuestro negocio. Al principio fue una entrada silenciosa: los periodistas empezaron a disponer de correos electrónicos, las fotos podían enviarse mediante descarga directa en el PC, proliferaron las empresas especializadas en clipping. Pero muy rápidamente, y sin que casi nos diéramos cuenta, nos vimos en otro sitio muy distinto.

Es el sitio en el que estamos ahora. Uno cubre una rueda de prensa y casi cuando no han terminado las preguntas puede enviar el comunicado a los medios. O bien hacer un tuiteo en vivo con todas las declaraciones de los comparecientes. Muy rápidamente, una noticia cobra cuerpo digital, y enseguida te llega a través del informe de Google Alerts.

No hay ninguna duda: hemos ganado en rapidez. Hemos ganado en comodidad. Hemos ganado en facilidad para la circulación de la información. Pero también hemos perdido. La aceleración del proceso de generación de contenidos se llevó por delante, primero, al mensajero que distribuía los comunicados con las fotos; segundo, al propio fotógrafo que hacía las fotos; tercero, a las empresas de clipping que hacían los resúmenes diarios de seguimiento (Google no tiene competencia). Y rápidamente, el negocio de la comunicación, con toda su red de agentes implicados, se fue vaciando de profesionales y de atribuciones.

Cada vez es más complicado que un periodista acuda a una convocatoria de prensa. Están a cuadros, se justifican. Mándanos por favor la información, te piden. La imposición de la dialéctica de la productividad en las redacciones convierte a los periodistas en meros manchadores de páginas. Y a las consultoras, en cierto modo, en meras agencias: el suministro de información encuentra una notoriedad en medios digitales que hubiera sido impensable en los medios convencionales. Podría decir que el nuevo escenario nos va mejor, sí, pero en realidad no lo pienso. Porque todos, también las consultoras, hemos perdido en calidad. Antes, era posible concertar con un periodista una entrevista, lo que daba como resultado un texto periodístico trabajado, bien matizado, solvente, profesional. Ahora es un formato en declive, porque en la estrategia de manchar páginas no caben este tipo de dispendios. El articulismo como formato también está en revisión, porque los medios se ven obligados al sacrificio de sus colaboradores, enflaqueciendo las plantillas hasta el límite de la anorexia.

Todo está cambiando, todo ha cambiado ya. El cliente ahora no quiere un clipping con los PDFs de sus apariciones en los periódicos. Prefiere un posicionamiento potable en buscadores, que su referencia esté entre los primeros registros de Google. Y al periodista se le rebautiza como comunicador, como surtidor de informaciones para los distintos soportes que integran eso que modernamente se ha dado en llamar plataformas de contenido. No se trata sólo de manchar la página, sino de conversar en twitter, colgar textos en Facebook, subir vídeos a Youtube…

El panorama de los media atraviesa un momento crítico. Y cuando arde Roma, todas las soluciones, todas las propuestas, resultan precarias. No descubriré la pólvora si afirmo que muchas empresas de la comunicación están recurriendo a la publicación de informaciones comerciales bajo la apariencia de informaciones periodísticas a cambio de ingresos. En la acera del 2.0, también me sé de no pocos blogs especializados que basan su modelo de negocio en cobrar por aparecer. Hay empresas que se dedican a comerciar con seguidores en redes sociales, a una media de 5 euros el kilo. Estoy convencido de que se trata de prácticas transitorias, que en el caso de los medios obedecen a un único motivo: sorprendentemente, aunque parezca ridículo, las grandes empresas de comunicación son las que más tarde han reaccionado al cambio en su sector, hasta el punto de que aún hoy no son capaces de plantear modelos de actividad rentables.

Con todo, y salvando el (doloroso) drama que atraviesa el sector de los media en nuestro país, no soy pesimista. Si algo he aprendido en estos 15 años como profesional de la comunicación, es que nada es estático: todo está en continuo movimiento, todo está en permanente proceso de reinvención.

Quién sabe. La vida es larga y cada vez se atrasa más la edad de jubilación: puede que algún día, como hoy me río de aquellos clippings que elaborábamos a base de tijera y pegamento, me ría de la utilización de las redes sociales como medio de difusión.

One comment

  1. Consuelo Lopez

    Gracias por su artículo, la verdad es que me veo representada en toda la trayectoria del escrito. En los años que llevo ejerciendo la comunicación, unos pocos mas que usted, los últimos cinco han sido desastrosos. Hemos visto que las nuevas formas de comunicación, no se acogen como herramientas para llevar los mensajes, sino como verdaderos canales de comunicación y despreciando lo anterior. Los cambios experimentados no han sido asimilados,la situación económica no ayuda, los estudios universitarios dejan mucho que desear…en fin espero que este cataclismo tenga un fin próximo. Por mi parte, todo estos me dio fuerza y creatividad para innovar un modelo de comunicación, con humildad y adaptado a las nuevas necesidades. Un saludo y reitero las gracias por el artículo y dejar que me exprese.

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