Categoría : Juntando Palabras

Vientre de piñata

globosLas celebraciones del 28F en formato paisano siempre acaban supurando cierto aroma de terapia de grupo. Una terapia de grupo interrumpida por intrusos. Son, claro, los políticos: es difícil salir a tomarte una cerveza a una terraza el Día de Andalucía sin que tarde o temprano acabes siendo interrumpido por el concejal municipal de turno o por algún miembro de su claque que te regala una chapa, una flor o un globo. Ah, los globos. El 28F es el día de los globos. Quedan muy bien en las fotos, y a pesar del embelesamiento infantil por todo lo que huela a pantalla, nada sigue siendo tan infalible como reclamo para un niño que un globo. Suelen ser de helio, porque a los políticos otra cosa que les fascina es soltar globos, y que se vayan alejando en el aire mientras ellos aplauden y se felicitan por ser tan andaluces. Y uno da un buche a su cerveza y contempla las manadas de globos blanquiverdes haciéndose pequeños en el cielo y entonces regresa a su sesión de terapia de grupo con el cuñado de turno. Y la conclusión siempre es la misma, antes o después de invitar a la penúltima: pedimos perdón, pero nos gusta Andalucía.

Nos hemos tenido que acostumbrar a disculparnos por llamar a la puerta, y por el inevitable hecho de que venir a Andalucía siempre es bajar, e ir a la capital siempre es subir. Y sobre todo, nos ha tocado pedir perdón por un tremendo malentendido, alimentado por la propaganda oficial, que dibuja una Andalucía en la que realmente pocos nos reconocemos: servidumbre y caricatura. Mi Andalucía tiene escaso cobijo en los premios y las medallas oficiales, no está en la ideología de los libros de texto ni en el acento impostado de los discursos de Susana Díaz. Mi Andalucía nunca será nacionalista porque es tan fluida y cambiante como el flujo de un río -pongamos, el Guadalquivir-, y desde luego no es nada cerril y provoca la risa justa. En Andalucía, vale, se vive bien, pero también se vive muy mal, y no late con un corazón subvencionado, sino más bien con un corazón precario. De ese corazón manan joyas que, tristemente, muy pronto pierden la trazabilidad. Y lo que era andaluz acaba siendo español o incluso catalán, y acaba tributando en otras geografías y conquistando otros corazones, sin que en ningún momento dejemos de pedir perdón por aporrear la puerta. Pero fuera amarguras. Hoy toca celebrar. Y el 28F tiene vientre de piñata. Así que, una vez más, cubrámonos los ojos, y rompamos la olla como mejor sabemos hacerlo aquí: dando palos de ciego. Los globos tienen que volar.

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Todo está bien

En poco tiempo saldrá a la calle mi nueva novela. Estoy muy ilusionado, y no sólo porque se trata de mi desembarco en una editorial literaria de referencia, nada menos que Tusquets. También porque creo que es mi obra más lograda, más madura, más redonda, en la que por fin me atrevo a hablar de cosas a las que hace tiempo les tenía muchas ganas.

Aunque tiene apariencia de novela, en realidad es una gamberrada. Y se puede leer como un chiste. Pero un chiste con mala baba, de ésos que te dejan el rictus de la sonrisa descompuesto, como manchado de hiel. En realidad es un desahogo, donde me he permitido el despotrique al rebuznar sobre cuestiones que sacan lo más cafre de mí: el periodismo, la política, las redes sociales, la precariedad laboral. Durante el proceso de escritura, sentí el mismo pálpito que cuando comencé a escribir mi primera obra, hace ya veinte años: la sensación de estar tocando formas nuevas, de estar descubriendo estancias desconocidas, y al mismo tiempo la sensación de volar.

Uno da siempre lo mejor de sí en cada novela. En esta he dado lo peor de mí: la víscera, el despojo, todo aquello que me arde en las entrañas y que necesitaba arrojar de mí mismo.

No sé si gustará, eso ya no está en mi mano. Lo que yo sí puedo decir es que personalmente me he quedado bastante a gusto.

Sale a la venta el día 7 de abril. Ya me contaréis.

Todo esta bien portada

Mal gusto

cajamadrid

Lo de las tarjetas negras de Caja Madrid complica bastante la cosa a todos los que nos afanamos en construir ficciones con punch. Porque resulta difícil concebir historias sobre corrupción más sórdidas, miserables y repugnantes que ésa. En general, de un tiempo a esta parte, España se está convirtiendo en un parque temático de la corrupción de proporciones monumentales. Contunuar leyendo

Libros viejos

Libro

Leer no nos convierte en personas más distinguidas ni elevadas. Leer no es un acto aristocrático, nunca lo ha sido: hubo un tiempo en que no existió nada tan popular. El acto de la lectura, de hecho, era un acto comunal, compartido, en voz alta. Se leía junto al fuego de la chimenea; el libro era accesorio a la llama del hogar.

Hoy la televisión e Internet han desplazado al libro de su posición central dentro de la vivienda y el acto de lectura se ha convertido en una experiencia íntima. De ahí vienen los malentendidos en torno a la pérdida de consideración de la lectura como un acto compartido, democrático, generador de comunidad. Se tiende a considerar la lectura como una experiencia individual que nos proporciona viajes arrebatados, transporte, migración. Cuando no es mentira que la construcción de un relato no es algo individual, porque todo individuo participa de la comunidad y de su interacción con ésta para forjar dicho relato. Sobre esto ha escrito, y de forma mucho más lúcida, Constantino Bértolo.

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Horrendo

CAÑETE: "GRACIAS A REFORMAS DEL PP ESPAÑA A RECUPERADO EL LIDERAZGO EN EUROPA"Es horrendo ser un machista. Es repugnante que alguien que se ha dedicado a dirigir, se supone que con responsabilidad, cuestiones con las que nuestro país se jugaba mucho, y que ahora aspira a representarnos en Europa, se manifieste públicamente como un auténtico becerro, haciendo gala de un trato hacia el género femenino deleznable, execrable, completamente inadmisible.

Pero hay muchas cosas horrendas. Es horrendo, por ejemplo, el modo en que tanto el partido de Cañete como el otro partido mayoritario han gestionado estas elecciones, con un tono y un nivel para el que la definición de mediocridad, siendo benevolentes, se queda corta. Es horrendo que la presión a la que nos somete Europa y que en los últimos cinco años ha transformado a España en una vieja renqueante y con varices sea una realidad invisible sobre el tapete del debate electoral. Es horrendo, y patético, y también una tomadura de pelo, que todo se reduzca a las excusas de Cañete por su horrendo comentario, a si lo ha hecho mal y a destiempo, convirtiendo todo en una pantomima, en un ejercicio de formas, mientras pasan los días y seguimos sin contenido.

Es horrendo, y un absoluto descaro, que se nos pida una y otra vez el voto, pero que los grandes partidos concurran a las elecciones con programas electorales con un nivel de vacuidad, vaguedad y simpleza que derrocha mediocridad y lugares comunes, donde la única sensación posible para el votante es la de estafa.

Es horrendo el tono, el nivel, la profilaxis de los discursos y los gestos. Es horrendo que quienes nos gobiernan y quienes nos pretenden gobernar parecen no haberse enterado de nada. Es horrendo darse cuenta de que, en estos cinco últimos años en que hemos aprendido a convivir a marchas forzadas con la miseria, la pobreza y la degradación, ellos, los políticos, han ocupado nuestro mismo lugar, nuestro mismo entorno, pero nada les ha arañado lo suficiente: siguen con sus mismos discursos huecos, con su misma actitud de poltrona y barriga llena, con sus mismas artimañas de justificación de sus derechos de casta. Es horrendo que, al final, la culpa de la horrenda abstención que viviremos el sábado será utilizada horrendamente por uno y otro partido para justificar su fracaso, echándole la culpa al de enfrente.

Es horrendo, y también muy sintomático, que lo único que quedará de estas elecciones será la anécdota de un político machista. Ah, sí: y también consecuencias irreparables para nuestro futuro en Europa.

Caparazón

caparazonLa familia es una mierda. La tienes ahí, pegada como el caparazón de una tortuga, sin que puedas quitártela nunca de encima, por más que mires hacia otro lado. No podemos vivir sin su discutible abrigo, porque siempre viene a buscarte incluso cuando intentas ser esquivo con ella. Y encima nos complicamos aún más la vida, acogiendo como propia a la familia política, un postizo que nos echamos a la chepa para volvernos todavía más pesados, con más lastre. En la edad adulta, la familia ya no es el sitio que fue. Es un espacio para la nostalgia, y todo lo nuevo que construye resulta incómodo, porque está forjado, casi siempre, por el deterioro: la casa familiar que se va cayendo, el abuelo al que cada vez se le hace más difícil subir las escaleras, las comidas familiares plagadas de ceremonias fastidiosas, las manías. La sensación de conocerse demasiado, de que está todo dicho. Contunuar leyendo

Lo público

lopublicobuitresLo público. Cada vez me lo pregunto más a menudo. ¿Qué es lo público? ¿Qué queda de lo público? El tropel de reformas en que llevamos embarcados desde hace tres años se ha llevado muchas cosas por delante (y las que quedan). Además del desmantelamiento social y –no es secundario- sentimental de muchas familias que han asistido a su desmembramiento por la necesidad de una búsqueda de empleo fuera de España, o del exilio interior de todos aquellos que se han convertido de repente en inútiles para el mercado laboral, además del empobrecimiento de la población o del incremento de la precariedad del sistema asistencial a todos sus niveles, esta crisis está suponiendo también, creo, una mutación sensible en el concepto de “lo público”. Tengo la sensación de que todo tiende hacia lo privativo, stricto sensu: aquello que supone una privación, y aquello que es propio o exclusivo de una persona. Hablaba hace algún tiempo por aquí de los nuevos espacios privados de convivencia: el modelo ilusorio del centro comercial privado convertido en la nueva plaza pública, donde garantías de naturaleza pública como la seguridad recaen sobre actores privados. La nueva Ley de Seguridad Privada, que permitirá a los guardias de seguridad privada realizar patrullas y detener a ciudadanos, supone un salto cualitativo definitivo en este sentido, ya que implica que lo privado traspasa su frontera e invade lo público, imponiendo sus reglas del juego.

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Rebeldía

momo

Creo que nos equivocamos viviendo la vida seriamente. Porque la vida no es nada seria: basta echar un vistazo al periódico matutino, darse un garbeo por las redes sociales o, más cerca, ver la cara de encabronados que gastan muchos conductores de camino al trabajo para comprobar que la vida es un enorme chiste. Sólo que nuestras circunstancias nos han vuelto tan antipáticos nos empeñamos en no reírle las gracias.

Hace tiempo, me fastidiaba ver a gente sonriendo por la calle. “¿De qué coño se ríe éste?”, pensaba, y siempre tendía a ver en aquella reacción una ofensa. “¿Será de mí?”. Ahora me ocurre al contrario: muchas veces estoy tentado de detener al que va riéndose por la calle y pedirle que me lo cuente, que lo comparta conmigo, que me contagie con el sabor de su exquisito caramelo. Contunuar leyendo

La zona de confort

Aunque es un poco largo, tiene lo que ha de tener un buen viral: cierto halo pseudocientífico, un envoltorio impecable y un puntito de provocación. Lo justo para que se haya extendido por todo el mundo como una suerte de nuevo credo de vida, como un nuevo código ético cuya asimilación se ha visto favorecida porque su filosofía casa bien con estos tiempos de padecimientos y fatigas que nos toca vivir.

 

 

Hasta el punto de que ya es un nuevo tópico. No hace falta que os lo resuma, porque el vídeo está hasta en la sopa. Hay que salir de la zona de confort, abandonar todo aquello que nos acomoda, recuperar el sentido de provisionalidad de nuestras vidas. Nada es para siempre, todo muta, todo cambia. Te das cuenta de ello cuando estás fuera de la zona de confort. Y estar fuera de esa zona te ayuda a ser más dinámico, más emprendedor, más capacitado para asumir los cambios.

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La calle es de ellos

A menudo voy a una cervecería donde la tiran muy fresquita. Es el tipo de sitio donde el cerveceo es compatible con el esparcimiento de los críos: hay una extensa zona de veladores, y desde la mesa, mientras coleccionas vasos vacíos, puedes seguir los movimientos de los niños, a lo lejos.

El sitio suele estar atestado de niños, pero los padres siempre están tranquilos. Hasta que no vi el cartel no lo había pensado, pero es como una especie de centro comercial privado en abierto: a un lado, los bares; al otro, el discreto parque infantil.

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