El calentamiento global, la tercera mejor novela en castellano de 2019, según El Cultural

calentamientoglobaldestacadoEl año 2019, literariamente, se ha dado bien. El remate ha sido la distinción de los críticos de El Cultural, que convirtieron El calentamiento global en la tercera novela más destacada en castellano del año. Un verdadero subidón, que me anima a seguir hundiendo tecla. De hecho, ando ya con la cabeza perdida en otro proyecto.

Aquí, los diez títulos de 2019 en castellano según El Cultural.

A seguir.

Vientre de piñata

globosLas celebraciones del 28F en formato paisano siempre acaban supurando cierto aroma de terapia de grupo. Una terapia de grupo interrumpida por intrusos. Son, claro, los políticos: es difícil salir a tomarte una cerveza a una terraza el Día de Andalucía sin que tarde o temprano acabes siendo interrumpido por el concejal municipal de turno o por algún miembro de su claque que te regala una chapa, una flor o un globo. Ah, los globos. El 28F es el día de los globos. Quedan muy bien en las fotos, y a pesar del embelesamiento infantil por todo lo que huela a pantalla, nada sigue siendo tan infalible como reclamo para un niño que un globo. Suelen ser de helio, porque a los políticos otra cosa que les fascina es soltar globos, y que se vayan alejando en el aire mientras ellos aplauden y se felicitan por ser tan andaluces. Y uno da un buche a su cerveza y contempla las manadas de globos blanquiverdes haciéndose pequeños en el cielo y entonces regresa a su sesión de terapia de grupo con el cuñado de turno. Y la conclusión siempre es la misma, antes o después de invitar a la penúltima: pedimos perdón, pero nos gusta Andalucía.

Nos hemos tenido que acostumbrar a disculparnos por llamar a la puerta, y por el inevitable hecho de que venir a Andalucía siempre es bajar, e ir a la capital siempre es subir. Y sobre todo, nos ha tocado pedir perdón por un tremendo malentendido, alimentado por la propaganda oficial, que dibuja una Andalucía en la que realmente pocos nos reconocemos: servidumbre y caricatura. Mi Andalucía tiene escaso cobijo en los premios y las medallas oficiales, no está en la ideología de los libros de texto ni en el acento impostado de los discursos de Susana Díaz. Mi Andalucía nunca será nacionalista porque es tan fluida y cambiante como el flujo de un río -pongamos, el Guadalquivir-, y desde luego no es nada cerril y provoca la risa justa. En Andalucía, vale, se vive bien, pero también se vive muy mal, y no late con un corazón subvencionado, sino más bien con un corazón precario. De ese corazón manan joyas que, tristemente, muy pronto pierden la trazabilidad. Y lo que era andaluz acaba siendo español o incluso catalán, y acaba tributando en otras geografías y conquistando otros corazones, sin que en ningún momento dejemos de pedir perdón por aporrear la puerta. Pero fuera amarguras. Hoy toca celebrar. Y el 28F tiene vientre de piñata. Así que, una vez más, cubrámonos los ojos, y rompamos la olla como mejor sabemos hacerlo aquí: dando palos de ciego. Los globos tienen que volar.

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La que nos queda

martin-luther-kingSiempre he considerado que uno de los principales problemas de Izquierda Unida como partido era su imagen. Sí, lo sé, la política, en puridad, no debe rendir cuentas con la imagen sino con la seriedad, la capacidad de gestión, la eficacia y blablablá. Pero a lo largo de la Historia muy pocos regímenes han demostrado controlar de imagen tanto como los comunistas, conscientes de que la comunicación –la propaganda- representaba una baza fundamental para el mantenimiento del poder.

Aquí, en España, la imagen de Izquierda Unida siempre me ha resultado apolillada, con un punto muy cutre, como de otro tiempo. Lo veías en sus puestas en escena, con fondos de mesa poco cuidados, con una línea de diseño antediluviana. Es como si su imagen se hubiera paralizado en los años 80, como le ocurre a algunas ciudades decadentes como Lisboa, como si fueran refractarios a la evolución. Camisas cortas y abiertas, poco gusto por la maquinilla, humo de tabaco negro, escaso manejo de los fundamentos básicos del discurso audiovisual. Un partido instalado eternamente en la estética de la transición, con consignas y gestos desfasados: un abuelo incapaz de empatizar con sus nietos, que protesta porque los críos le desastran la casa cada vez que la visitan (si bien en los últimos tiempos percibo cambios). Contunuar leyendo

Historias para rato

Han sido semanas de mucha agitación con la presentación y la promoción de mi nueva criatura. Qué puedo decir, estoy contento, por la respuesta de los lectores y por el hecho de que, por primera vez, una novela mía alcance mayor visibilidad que la de costumbre.

La gente de Tusquets, a la que he tenido oportunidad de conocer en estos días entre Barcelona y Madrid, me ha parecido estupenda. Editores, trabajadores de la editorial, autores… todos gente simpática y amable. He sentido muy de cerca el aliento de todos ellos, e incluso estaba un poco abrumado cuando hablaban tan bien de mi novela, como si fuera un hijo mío que se portó fabulosamente en mi ausencia. Incluso pretendían ayudarme a cortar el solomillo, cuando me veían tan torpe con el cuchillo por culpa de la puñetera mano. Contunuar leyendo

Todo está bien

En poco tiempo saldrá a la calle mi nueva novela. Estoy muy ilusionado, y no sólo porque se trata de mi desembarco en una editorial literaria de referencia, nada menos que Tusquets. También porque creo que es mi obra más lograda, más madura, más redonda, en la que por fin me atrevo a hablar de cosas a las que hace tiempo les tenía muchas ganas.

Aunque tiene apariencia de novela, en realidad es una gamberrada. Y se puede leer como un chiste. Pero un chiste con mala baba, de ésos que te dejan el rictus de la sonrisa descompuesto, como manchado de hiel. En realidad es un desahogo, donde me he permitido el despotrique al rebuznar sobre cuestiones que sacan lo más cafre de mí: el periodismo, la política, las redes sociales, la precariedad laboral. Durante el proceso de escritura, sentí el mismo pálpito que cuando comencé a escribir mi primera obra, hace ya veinte años: la sensación de estar tocando formas nuevas, de estar descubriendo estancias desconocidas, y al mismo tiempo la sensación de volar.

Uno da siempre lo mejor de sí en cada novela. En esta he dado lo peor de mí: la víscera, el despojo, todo aquello que me arde en las entrañas y que necesitaba arrojar de mí mismo.

No sé si gustará, eso ya no está en mi mano. Lo que yo sí puedo decir es que personalmente me he quedado bastante a gusto.

Sale a la venta el día 7 de abril. Ya me contaréis.

Todo esta bien portada

Mal gusto

cajamadrid

Lo de las tarjetas negras de Caja Madrid complica bastante la cosa a todos los que nos afanamos en construir ficciones con punch. Porque resulta difícil concebir historias sobre corrupción más sórdidas, miserables y repugnantes que ésa. En general, de un tiempo a esta parte, España se está convirtiendo en un parque temático de la corrupción de proporciones monumentales. Contunuar leyendo

Libros viejos

Libro

Leer no nos convierte en personas más distinguidas ni elevadas. Leer no es un acto aristocrático, nunca lo ha sido: hubo un tiempo en que no existió nada tan popular. El acto de la lectura, de hecho, era un acto comunal, compartido, en voz alta. Se leía junto al fuego de la chimenea; el libro era accesorio a la llama del hogar.

Hoy la televisión e Internet han desplazado al libro de su posición central dentro de la vivienda y el acto de lectura se ha convertido en una experiencia íntima. De ahí vienen los malentendidos en torno a la pérdida de consideración de la lectura como un acto compartido, democrático, generador de comunidad. Se tiende a considerar la lectura como una experiencia individual que nos proporciona viajes arrebatados, transporte, migración. Cuando no es mentira que la construcción de un relato no es algo individual, porque todo individuo participa de la comunidad y de su interacción con ésta para forjar dicho relato. Sobre esto ha escrito, y de forma mucho más lúcida, Constantino Bértolo.

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Horrendo

CAÑETE: "GRACIAS A REFORMAS DEL PP ESPAÑA A RECUPERADO EL LIDERAZGO EN EUROPA"Es horrendo ser un machista. Es repugnante que alguien que se ha dedicado a dirigir, se supone que con responsabilidad, cuestiones con las que nuestro país se jugaba mucho, y que ahora aspira a representarnos en Europa, se manifieste públicamente como un auténtico becerro, haciendo gala de un trato hacia el género femenino deleznable, execrable, completamente inadmisible.

Pero hay muchas cosas horrendas. Es horrendo, por ejemplo, el modo en que tanto el partido de Cañete como el otro partido mayoritario han gestionado estas elecciones, con un tono y un nivel para el que la definición de mediocridad, siendo benevolentes, se queda corta. Es horrendo que la presión a la que nos somete Europa y que en los últimos cinco años ha transformado a España en una vieja renqueante y con varices sea una realidad invisible sobre el tapete del debate electoral. Es horrendo, y patético, y también una tomadura de pelo, que todo se reduzca a las excusas de Cañete por su horrendo comentario, a si lo ha hecho mal y a destiempo, convirtiendo todo en una pantomima, en un ejercicio de formas, mientras pasan los días y seguimos sin contenido.

Es horrendo, y un absoluto descaro, que se nos pida una y otra vez el voto, pero que los grandes partidos concurran a las elecciones con programas electorales con un nivel de vacuidad, vaguedad y simpleza que derrocha mediocridad y lugares comunes, donde la única sensación posible para el votante es la de estafa.

Es horrendo el tono, el nivel, la profilaxis de los discursos y los gestos. Es horrendo que quienes nos gobiernan y quienes nos pretenden gobernar parecen no haberse enterado de nada. Es horrendo darse cuenta de que, en estos cinco últimos años en que hemos aprendido a convivir a marchas forzadas con la miseria, la pobreza y la degradación, ellos, los políticos, han ocupado nuestro mismo lugar, nuestro mismo entorno, pero nada les ha arañado lo suficiente: siguen con sus mismos discursos huecos, con su misma actitud de poltrona y barriga llena, con sus mismas artimañas de justificación de sus derechos de casta. Es horrendo que, al final, la culpa de la horrenda abstención que viviremos el sábado será utilizada horrendamente por uno y otro partido para justificar su fracaso, echándole la culpa al de enfrente.

Es horrendo, y también muy sintomático, que lo único que quedará de estas elecciones será la anécdota de un político machista. Ah, sí: y también consecuencias irreparables para nuestro futuro en Europa.

Caparazón

caparazonLa familia es una mierda. La tienes ahí, pegada como el caparazón de una tortuga, sin que puedas quitártela nunca de encima, por más que mires hacia otro lado. No podemos vivir sin su discutible abrigo, porque siempre viene a buscarte incluso cuando intentas ser esquivo con ella. Y encima nos complicamos aún más la vida, acogiendo como propia a la familia política, un postizo que nos echamos a la chepa para volvernos todavía más pesados, con más lastre. En la edad adulta, la familia ya no es el sitio que fue. Es un espacio para la nostalgia, y todo lo nuevo que construye resulta incómodo, porque está forjado, casi siempre, por el deterioro: la casa familiar que se va cayendo, el abuelo al que cada vez se le hace más difícil subir las escaleras, las comidas familiares plagadas de ceremonias fastidiosas, las manías. La sensación de conocerse demasiado, de que está todo dicho. Contunuar leyendo

Lo público

lopublicobuitresLo público. Cada vez me lo pregunto más a menudo. ¿Qué es lo público? ¿Qué queda de lo público? El tropel de reformas en que llevamos embarcados desde hace tres años se ha llevado muchas cosas por delante (y las que quedan). Además del desmantelamiento social y –no es secundario- sentimental de muchas familias que han asistido a su desmembramiento por la necesidad de una búsqueda de empleo fuera de España, o del exilio interior de todos aquellos que se han convertido de repente en inútiles para el mercado laboral, además del empobrecimiento de la población o del incremento de la precariedad del sistema asistencial a todos sus niveles, esta crisis está suponiendo también, creo, una mutación sensible en el concepto de “lo público”. Tengo la sensación de que todo tiende hacia lo privativo, stricto sensu: aquello que supone una privación, y aquello que es propio o exclusivo de una persona. Hablaba hace algún tiempo por aquí de los nuevos espacios privados de convivencia: el modelo ilusorio del centro comercial privado convertido en la nueva plaza pública, donde garantías de naturaleza pública como la seguridad recaen sobre actores privados. La nueva Ley de Seguridad Privada, que permitirá a los guardias de seguridad privada realizar patrullas y detener a ciudadanos, supone un salto cualitativo definitivo en este sentido, ya que implica que lo privado traspasa su frontera e invade lo público, imponiendo sus reglas del juego.

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